MADRE

 

Sueño que la fuerza de sus luchas sea reconocida
y guardo la esperanza de que un mundo nuevo se abra ante sus ojos,
para que la mano machista no las señale,
las nombre o las fusile.
Ojalá nosotros, los hijos y las hijas,
entendamos que en ellas está la vida,
pero no es obligatorio el sacrificio de su olvido propio,
y menos si es por otros.
Porque nada nos deben,
nada nos fue negado,
en cambio, pusieron sus cuerpos al servicio de la construcción de una nación que no guardó lugar para ellas.
Y no hemos hecho eco a su revolución
ni a su silencio.
Somo cómplices, todos y todas, también de su dolor.
Entonces, mientras tanto o para siempre,
que nuestro castigo sea darnos la muerte con la vida.

© 2018 Ana Luisa Muñoz Ortiz